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La idea de los investigadores es aprovechar la glicerina que se genera como derivado de la fabricación de biodiésel.
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Durante la fabricación de biodiésel se genera como subproducto la glicerina, que habitualmente es usado en la industria cosmética y farmacéutica.
Como las cantidades generadas son demasiado grandes para abastecer sólo estos rubros, desde el centro INTI-Caucho trabajaron en encontrarle nuevos usos.
Sobre la base de la glicerina y la harina de mandioca, que es muy rica en almidón, se preparó una formulación que permitió desarrollar un nuevo adhesivo biodegradable y no tóxico, cuyo uso es exclusivo para pegar papel en vidrios. Este nuevo adhesivo
pasó todas las pruebas que se le realizaron, incluso “el test de balde”: colocar en un balde con agua helada las botellas etiquetadas y luego de una hora la etiqueta no debe salirse ni correrse.
Igualmente,
pensando en la reutilización de las botellas, las etiquetas se remueve fácilmente colocando la botella unos minutos en un recipiente con agua natural. Según destacan desde el
INTI, este tipo de pruebas no las pasan aquellos adhesivos que necesitan ser atacados con agentes químicos y mayores tiempos de trabajos manuales.
Otra virtud que lo diferencia sustancialmente de los adhesivos naturales es que no produce hongos, y se le han hecho las pruebas necesarias para confirmar que por ser un producto natural no tiene vencimiento. Su elaboración es muy sencilla, sólo necesita de un equipo mezclador común de paletas. La idea es que se fabrique cerca de una empresa etiquetadora para así poder cerrar todo el proceso de la cadena productiva.